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Por qué te encorvas aunque trates de estar derecho.
No es flojera ni fuerza de voluntad. Mirar el celular hacia abajo y pegarte a la pantalla adelanta tu cabeza y baja tus hombros, hasta que tu cuerpo se acostumbra a esa forma. Este soporte no te amarra: te devuelve —suave— a tu lugar y te lo recuerda, hasta que estar derecho se vuelve automático.
